‘Una broma para carretera destinada a 200 excéntricos, fruto de una reglamentación deportiva irracional.’ Así es como la revista Autopista describía el Ford RS200 en septiembre de 1986 tras poder probarlo. Y es que el Grupo de B era cualquier cosa menos lógico y con sentido común. Si lo pensamos fríamente, era un campeonato totalmente descabellado y absurdo, donde coches con potencia que rondaban de media los 400 CV, iba a fondo entre arboles, piedras y público, muchísimo público que invadía los caminos y carreteras mientras esas bestias pasaban a 200 km/h.

No es de extrañar que sucediera lo que sucedió; en la primera carrera de la temporada de 1986,en Portugal, el Ford RS200 pilotado por Joaquin Santos impactó contra una marabunta humana falleciendo tres personas y resultando heridas otras veintiocho. La locura se estaba volviendo inaceptable y finalmente, tras un más que fatídico accidente de Henri Toivonen con su Lancia Delta S4 donde perdió la vida junto a su copiloto Sergio Cresto, el Grupo B finalmente fue anulado y borrado del mapa.

Ford RS200 1986

Son hechos tristes, de eso no hay duda, pero al menos nos quedan aquellos Grupo B para recordar hasta donde llegaron en cuanto a tecnología y prestaciones y entre esos Grupo B, tenemos al mencionado Ford RS200, un coche que prometía muchísimo gracias a las soluciones empleadas pero que no pudo demostrar al 100% su potencial. Un coche, cuya última unidad fabricada para carretera se subasta en uno de los eventos más interesantes de este tipo de los últimos años: el ‘Driven by Disruption’ que organiza RM Sotebhy’s en Nueva York en diciembre. Es, muy posiblemente, una subasta que alcanzará récords históricos con coches como el Ferrari 290 MM de Fangio, un espectacular Mercedes 300 SL con el que compitió Sir Stirling Moss, un precioso Pegaso Z-102 del Conde de Caralt o nuestro protagonista.

El Ford RS200 comenzó su desarrollo en 1983, simultáneamente con el Ford Sierra RS Cosworth y fue una iniciativa del director de Ford Motorsport Europa, Stuart Turner. Era un proyecto que comenzaba desde una hoja completamente en blanco, pero ponía final al RS 1700 T, que se estaba proyectando para sustituir al Ford Escort RS. De su diseño se encargó Filipio Sapio, quien trabajaba para Ghia y contaba con materiales como fibra de carbono y fibra de aramida, aprovechando otras partes de la gran serie como la columna de dirección y la cremallera del Sierra, modelo que también donaba el parabrisas y las puertas.

Ford RS200 1986

Ford no se andó por las ramas y creó un deportivo puro y duro, no tenía ni siquiera maletero, pero contaba con un sistema de tracción total con diferenciales de acoplamiento viscoso fabricados por FF Development (Ferguson) que permitía tres modos de uso: propulsión, 4×4 al 50% o 4×4 con reparto del 37% delante y del 67% detrás, junto con un motor Ford-Cosworth BDT de 1,8 litros turbo capaz de superar los 400 CV en competición, pero que en la calle, ofrecía 250 CV.

Centrándonos en nuestro protagonista, el último Ford RS200 fabricado para carretera, salió de la línea de montaje en 1986 y estuvo ‘escondido’ en la planta de Bonehams hasta 1994 cuando un coleccionista de Michigan lo compró y se lo llevo a Estados Unidos. Posteriormente volvió a cambiar de manos y el único accesorio no original son unas alfombrillas. Para más inri, únicamente ha recorrido 1.960 km en sus 29 años.

A pesar de que su número de chasis es el 169, se trata de la unidad 200, el último de los 200 coches para uso por vías publicas a los que estaba Ford obligado a fabricar y no, no será barato. Es un vestigio de era de oro de los rallyes.

 

Artículo redactado por Javi Martín para yclasicos.com